16 de octubre de 2014

NUESTRA ECONOMÍA: LO QUE SE DICE Y LO QUE NO SE DICE

Desde hace varios años, nuestra economía viene siendo un tema central en las conversaciones en casi todos los aspectos: sociales, políticos, ideológicos, laborales y hasta religiosos. Casi todo lo que se dice de ella, habla en términos de bondad, crecimiento, variedad, disciplina fiscal, sostenibilidad, etc. Estas virtudes están reflejadas en la gran cantidad de obras físicas realizadas hasta la fecha: edificios públicos y privados, carreteras, puentes, obras de ornato público, centros comerciales, modernización y ampliación de los equipos de información y comunicación y todos los cambios que se dan en una sociedad, como efectos de estas mejora. El  consumo privado también se ha puesto de manifiesto, llegando a niveles insospechados. Al parecer,  vivimos en una  “época de bonanza”, producto del desarrollo económico.

Sin embargo, para nadie es un secreto que  nuestra economía depende en gran parte (casi 75%) de la actividad minera, por lo que podemos colegir que nuestra economía es también muy sensible ante cualquier mínimo cambio en los precios internacionales de los minerales, niveles de inversión, legislación, demanda internacional, etc. Precisamente, por los elevados precios internacionales del cobre, hierro, oro y plata durante la última década, nuestra economía acusó un crecimiento promedio casi  del 6%. Pero, desde el año 2013, la demanda de minerales y sus precios internacionales cayeron a niveles preocupantes. Además, la inversión en exploración minera en 2013 cayó en 26%. Para el presente año,  la tendencia también es hacia la baja. 

El nivel relevante en el consumo interno durante los años 2012- 2014, ya no estarían al mismo ritmo del crecimiento. El uso de las tarjetas de crédito o “billete de plástico” puede resultar un buen indicador de nuestra economía interna: hay más de 8 millones de éstas circulando en el mercado interno. El consumo con este medio llegaría al 10% promedio mensual en el presente año, según estimaciones de ASBAN (Asociación de Bancos). El 2012, el consumo con este medio de pago registró un promedio del  20% mensual. La misma fuente afirma que actualmente la morosidad de tarjetas de crédito registra el 6.19%. Esta es una cifra histórica y muy preocupante, que evidencia el enfriamiento o desaceleración en el crecimiento de nuestra economía.

Esta situación difícil por la que atraviesa nuestra economía se está vulnerando más con las precarias gestiones de muchos funcionarios, presidentes regionales, alcaldes, ministros, congresistas, jueces y hasta algunos fiscales; quienes dieron la espalda a la noble misión encargada, han preferido caer en el lodazal de la corrupción. Transparencia Internacional nos vuelve a ubicar en diciembre de 2013 en el puesto 83, con 38 puntos sobre 100 (100 representa menor corrupción), junto con El Salvador, Mongolia, Trinidad y Tobago y Zambia. Los recientes encarcelamientos de tres presidentes regionales y uno prófugo, nos dejan un claro sinsabor o descontento popular, que nos obliga “pisar tierra” hacia una percepción realista de nuestro entorno económico. 

Empiezan las campañas electorales regionales y municipales. Esperemos que la actitud del elector sea más realista, más objetiva y menos materialista. A los candidatos no se les puede pedir mucho, ya que la mayor parte de ellos, con elevada ignorancia y casi nada de sensibilidad social, consideren que gastar más en publicidad o en “regalitos” los hace mejores o más “buenitos”. Una vez que llegan al poder, buscarán “recuperar con creces” los millones invertidos en paneles, pintas, etc. La historia quizás se repita. Todo depende de la calidad de electores que tenemos.