20 de octubre de 2014

EDUCACIÓN Y ECONOMÍA – REALIDAD Y POSIBILIDADES

Durante mucho tiempo la sociedad peruana viene soportando los efectos de una educación caracterizada por importantes falencias. Nuestros egresados escolares no cuentan con verdaderas oportunidades para enfrentar con éxito hacia el reto de una preparación universitaria de calidad, menos para enfrentar a la vida, por una condición laboral decente. Las competencias adquiridas en la escuela no están acordes con las necesidades del mercado laboral. Los informes PISA muestran reiteradamente cada año, la precaria condición de nuestra escuela.

Nuestras universidades en general –públicas y privadas- adolecen de las necesarias investigaciones científicas. El quehacer universitario se ha reducido al servicio docente, equipamiento e infraestructura física. Las labores investigativas sólo se hacen en muy pocas universidades y en cantidades muy reducidas. Quizás sea ésta la causa más relevante de la crisis universitaria en nuestro país.

La economía peruana ha sido descuidada durante los últimos años, pero en realidad este descuido proviene de un tiempo mayor. Casi un 70% de nuestra economía depende de la actividad minera. Los precios de los minerales se mantuvieron elevados hasta el 2013, por lo que nuestra economía creció de manera sorprendente. Para nadie es un secreto que nuestra economía fue favorecida por los elevados precios de los minerales, sin embargo sabemos también que esto es un tema coyuntural y temporal. 

Actualmente, con los precios bajos y con una menor demanda internacional de minerales, obviamente la economía ha entrado a una etapa de receso, más aún, considerando que no se resuelven los conflictos mineros, los cuales han trascendido a verdaderos conflictos sociales y hasta fortalecidos en algunas localidades si damos una mirada hacia los resultados de las recientes elecciones regionales y municipales 2014.

La inacción del gobierno central, desatinado en asumir medidas y actitudes frente a fenómenos preocupantes como  la informalidad, la ilegalidad, el narcotráfico y el sicariato que están sometiendo a buena parte de nuestra sociedad, con ministros sin personalidad, inoperantes y mediáticos, con un aparato judicial corrupto y con un congreso perdido en discusiones inútiles; vienen afectando aún más la situación económica de nuestro país.

Esta situación vergonzosa se repite en cada gobierno de turno. Lo más peligroso quizás no sea la condición económica en el corto plazo, que queda como resultado. Lo más peligroso de este saldo es el mal ejemplo que se deja a nuestra juventud estudiosa y que prevalecen en el largo plazo como un modelo  a seguir desde los puestos públicos hacia las aulas. Se deja a la corrupción, a la impunidad y a los antivalores, como verdaderos temas invisibles de enseñanza, pero que se apoderan del inconsciente del estudiante. Se deja constancia una vez más que el poder de las grandes mafias puede comprar el silencio o complicidad de ministros, congresistas, jueces y altos mandos del ejército y de la policía. 

Se deja constancia que el poder político es un instrumento que no sólo sirve para aumentar los ya elevados sueldos de ministros y altos funcionarios del gobierno, sirve también para reprimir con violencia y acallar las demandas del gran sector popular. Queda como enseñanza que para mantenerse en un puesto público no son necesarias la educación, los valores y la preparación universitaria, pero sí es requisito indispensable, defender lo indefendible y apoyar en el blindaje a delincuentes de “cuello y corbata” sin importar el daño que se hace al país, al esquema educativo y por ende, a las presentes y futuras generaciones. 

Estas malas enseñanzas, naturalmente afectan la mentalidad de nuestros escolares y universitarios, proponiéndoles una nueva conducta con una “moderna escala de antivalores”, en reemplazo de la verdadera escala de valores.

Ante este escenario vergonzoso y plagado de delitos impunes…. ¿Será posible atraer las inversiones extranjeras? ¿Será posible encontrar la armonía entre los agentes económicos? ¿Será posible apuntar hacia un desarrollo sostenible? ¿Será posible hablar de economía social de mercado o de responsabilidad social de la empresa?

Esta es la relación existente entre nuestra educación y economía. No será posible la implementación de un adecuado modelo educativo, considerando que quienes tienen las riendas del poder político, no tienen la capacidad de enseñar con el ejemplo. Tampoco será posible lograr una economía al servicio de la sociedad, porque nuestros gobernantes no tienen la capacidad de desprendimiento ni sensibilidad social, en vez de ello anteponen sus apetitos personales, ambiciones partidarias, negocios turbios o simplemente callan, se encubren  o se defienden torpemente, quizás preparándose para procesos reeleccionistas, facilitadas por el actual orden democrático.

Y es que la educación escolar y universitaria están articuladas y no constituyen solamente un servicio programado para adquirir las meras competencias y habilidades. Se constituyen también en un gigantesco receptáculo de los valores y antivalores, ejemplos y pecados, virtudes e inmoralidades de la clase política. La velocidad de la información y del conocimiento es un factor ineludible hoy en día.

Educación y Economía son dos columnas que soportan el esquema del desarrollo social, cuya sostenibilidad depende de sus fortalezas. Queda en nosotros como parte de la sociedad en contribuir al fortalecimiento de estas dos grandes columnas, sin olvidar que ambas deben estar orientadas hacia la búsqueda de un objetivo común: el bienestar social.