
Tras varios años de ejercer la docencia en distintos puntos de Lima Metropolitana, el recuerdo que tengo hoy en día de la
educación pública es el mismo o peor del que gocé en décadas pasadas:
servicios higiénicos descuidados, poca atención en los jardines, fachadas despintadas, instalaciones eléctricas con desperfectos y patios faltos de mantenimiento. Ni qué decir de las puertas, ventanas y pisos.
Lo referido sólo corresponde a la
infraestructura física. Lo
gravitante del problema es lo referente a los
señores docentes, mis colegas. El
nivel académico del maestro peruano actual, considerando las necesidades actuales, a la luz de los cambios, del mercado laboral y de todos sus componentes, es muy bajo.
El
maestro de hace tres décadas era el profesional que infundía
respeto entre sus alumnos, se dedicaba de lleno a
mejorar su nivel intelectual, sus
métodos de enseñanza y era un
líder en la sociedad. Más del
70% de aquellos docentes eran egresados de distintas
universidades de prestigio. Un
15% de maestros eran aquellos que se
hacían en la práctica, habiendo
culminado la secundaria, recibiendo para ello los cursos de
perfeccionamiento que recibían por parte del
Ministerio de Educación. El resto de egresados eran del
Pedagógico de Monterrico, muy reconocido por su
metodología en la enseñanza. Las
Grandes Unidades Escolares (G.U.E.) impartían una
enseñanza superior a la mayoría de
colegios privados. Hasta hacían largas colas por matricular a sus hijos en aquellas unidades escolares. El
“Guadalupe”, el
“Melitón Carbajal”, el
“Bartolomé Herrera” (mi colegio), el
“Buenaventura Sepúlveda” (también mi colegio), el
“Ricardo Bentín”, el
“Alfonso Ugarte”, etc., fueron
colegios estatales grandiosos, con una
disciplina envidiable, con
maestros de alto nivel y una
organización muy difícil de encontrar en algún colegio público de hoy.
En los
colegios de hoy encontramos bastante descuido en la
infraestructura física,
aspecto organizativo, pero también en el
nivel académico de los docentes.

En el
régimen del fujimorato (1990-2001), hubo cierta preocupación por mejorar la
infraestructura educativa. Las tentativas por
mejorar el nivel del docente no tuvieron los efectos deseados. Partieron de una
concepción represora y antidemocrática. Los
textos que repartían a diestra y siniestra a nivel nacional, estaban llenos de
errores que ni los
“especialistas” sabían resolver
. Fujimori empleó el poder para
saquear el país con las
“armas del miedo”, que consistieron en
perseguir a la clase política y principalmente a quien le dió el respaldo para
ganar las elecciones presidenciales: Alan García Pérez.La
deslealtad de Fujimori no sólo fue contra la clase política y contra Alan García.
Fujimori también traicionó a la educación pública, es decir, a los
niños y jóvenes, a los
maestros, a los
padres de familia y a los
trabajadores administrativos. Su traición la plasmó a través de la conocida
“ley de promoción de la educación privada”. A través de esta ley, cualquier recinto se convertiría en escuela o colegio privado. Aparecieron entonces
miles de colegios privados que no reunían ni las más mínimas condiciones para ofrecer la educación esperada. El
“reglamento” respectivo era letra muerta.
Se negociaron muchísimas licencias o permisos para crear nuevos colegios privados, los mismos que se constituyeron en una suerte de
competencia desleal contra los
colegios públicos.
Frente a este escenario,
los colegios estatales se quedaron sin alumnado, ya que sistemáticamente los
promotores de los “nuevos centros privados” ofrecían ventajas de todo orden. Pero en el
tema laboral,
los docentes fueron explotados miserablemente, tanto así que
miles de docentes contratados por los
promotores de los colegios privados percibían un
sueldo que consistía apenas una
fracción de un sueldo de colegio público. Esta fue la verdadera
traición a la educación pública peruana.
Alejandro Toledo (2002-2006) no tuvo claro el asunto de la
escuela pública. En su período se siguieron expidiendo
licencias para
nuevos colegios privados. En los casos extremos, cualquier vivienda pequeña era transformado en colegio, no interesando la falta de patio, ni jardines. Fue la época de bonanza de la
ONG “EDUCA”, organización de la entonces ministra de educación
Gloria Helfer,
ex comunista “caviar”, quien aprovechándose de su condición, movilizó ingentes recursos pertenecientes al
sector educación para vender sus
capacitaciones, talleres, libros, asesoramientos, etc. La faena de
Gloria Helfer le significó
millones de soles en utilidades. Ella era la ministra e hizo lo que le vino en ganas con tal de apoderarse del
presupuesto de educación. De esta forma,
Alejandro Toledo y Gloria Helfer complotaron contra la educación pública.

Actualmente,
Alan García (2006-2011), tiene la oportunidad de
mejorar sustancialmente la educación pública. Pero con un
magro presupuesto destinado a la educación, los maestros de hoy poco o nada podrán hacer para revertir la situación.
El tema central es presupuestal. Maestros que ganan apenas
400 dólares mensuales, nunca sentirán la
“motivación” para desarrollar
mejores estrategias de enseñanza.
Aulas inapropiadas, laboratorios con equipos obsoletos, bibliotecas desactualizadas, constituyen el escenario perfecto de la desmotivación. Siempre se ha hablado mal de los docentes, respecto del problema del nivel, pero nunca el
Gobierno de turno ha hecho un
“mea culpa”. Entonces, descifremos el asunto con una simple
reflexión:

El
problema no es esencialmente del
docente (no trato de justificar nada).
El problema se origina en el gobierno, como podemos observar con claridad desde
Fujimori hasta
Alan García. La
educación pública sigue cayéndose a pedazos. Si reflexionamos un poco sobre el tema, identificamos
dos variables perfectamente
indiscutibles:
La variable Gobierno Central
La variable Educación PúblicaAl respecto, nos preguntamos:
Pero si el
Gobierno Central es distinto,
¿porqué el problema en la Educación Pública persiste y hasta desmejora?
Claro, estamos ante un
nuevo Gobierno Central,
gobierno democrático, pero cuyo slogan
“Justicia Social, Pan con Libertad”, etc., no son llevados a la praxis.
Nos volvemos a preguntar:
¿por qué no es posible realizar el verdadero cambio en la educación pública?

La respuesta es inmediata:
Nunca se podrá cambiar la educación pública, porque quienes la destruyeron aún siguen agazapados en el mismo Ministerio de Educación, muchos de ellos
en los mismos cargos. Ejemplo: el actual
Vice Ministro de Educación Idel Vexler Talledo. Este funcionario en su
“Informe sobre la Educación Peruana- Situación y Perspectivas”, retoma inescrupulosamente un párrafo de la
CEPAL:“La educación es el medio privilegiado para asegurar un dinamismo productivo con equidad social, fortalecer democracias mediante la promoción del ejercicio ampliado y sin exclusiones de la ciudadanía, avanzar a ritmo en la sociedad de la información y el conocimiento, y enriquecer el diálogo entre sujetos de distintas culturas y visiones del mundo”. Un concepto muy profundo, muy aleccionador, pero nunca llevado a la práctica por el sector.
En consecuencia, si aplicamos la misma reflexión, podremos comprender, el por qué de la imposibilidad de un cambio real en todos los demás sectores: agricultura, minería, pesca, industria, economía, salud, etc. De seguir los mismos funcionarios de siempre, no podremos esperar grandes cambios.
Alan García ahora tiene la oportunidad de generar el cambio histórico. Unir voluntades y doctrina.